miércoles, 14 de marzo de 2012

Cómo cocinar tu vida (how to cook your life)

He visto muy recientemente este documental filmado en 2006 por Doris Dörrie sobre Edward Espe Brown, monje budista zen.

Dörrie acompaña a Brown durante unos días  en sus conferencias y clases de cocina en varios centros budistas, el de Scheibbs en Austria y dos centros más en California, el Tassajara Zen Mountain y el Zen Center de San Francisco.

Me ha parecido una película muy interesante, con algunas reflexiones perfectamente aplicables a la vida cotidiana de cada uno. A nuestras prisas, nuestra forma de comer, de alimentarnos, de alimentar a los nuestros.

En una de sus reflexiones  Brown dice algo que me dejó un tanto perpleja:
 "Quizás te importes lo suficiente a ti mismo como para cocinar" 

Cuántas veces no nos tomamos el tiempo de cocinar porque comemos solos, y nos preparamos cualquier cosa, de cualquier manera. Parece que no merece la pena hacer un esfuerzo por nosotros mismos. Cuando entramos en una espiral de comer  mal, de alimentarnos mal ¿es un síntoma más de que dejamos de importarnos? 

En otro momento de la película, Brown reflexiona en voz alta sobre la cocina de esta manera, más o menos (no soy traductora, así que en el inglés original es posible que las palabras estén mejor escogidas): "Si te interesa cuidar la comida, cocinarla, disfrutarla, en compañía de familia y amigos, reunirte con ellos...¿De dónde surge todo eso? No sale de un paquete. Alimentarte y alimentar a los demás no sale de un paquete, sale de tu corazón, porque buscas una conexión con la comida y los demás"

Cuando pasamos días pensando un menú especial para la familia o los amigos que vendrán a nuestra casa, buscamos los ingredientes, comenzamos la preparación, a menudo el día anterior, consagramos horas y trabajo a preparar algo que esperamos sea especial para todos, que  disfruten, que  saboreen,  cuidando todos los detalles para que el resultado sea el mejor posible, estamos trabajando sentimientos que nos hacen crecer como personas. Compartir nuestra mesa con  los demás no es  sólo un acto de amor y generosidad, es parte de una experiencia de felicidad fugaz.

Esto me ha hecho pensar en  un maravilloso amigo que perdí hace unos meses. Lo recuerdo sobre todo reunidos alrededor de una mesa, compartiendo risas, disfrutando de la comida, de su compañía, del vino rosado... Me queda el recuerdo de conversaciones mágicas e irrepetibles, momentos, miradas y sensaciones que me siguen acompañando, que me han hecho madurar y crecer en los últimos 20 años. 

Para finalizar esta entrada, me gustaría hacerlo con una anécdota que explica Brown en la película. En 1.965 le pidió a su maestro  Suzuki Roshi si tenía algún consejo que darle. Roshi le contestó: 

"Cuando laves el arroz, lava el arroz. Cuando cortes las zanahorias, corta las zanahorias y cuando remuevas la sopa, remueve la sopa".

Un sabio consejo. ¿No os parece?






 






5 comentarios:

  1. Muy buena reflexión para las 6:12 am. Cocinar es genial, aunque luego se lo coman todo en menos de 15 minutos.

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  2. Eso es que les ha gustado mucho :0)

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  3. Lo de las 6:12 es porque tenía puesta la franja horaria del Pacífico. No es que me levante al alba para escribir el blog. Ya lo he cambiado.

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  4. Tengo que sacar tiempo... a mi me gusta mucho cocinar, y ya no te digo comer jejeje... esas sobremesas aiiisss... cuánto lo echo de menos ;)

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  5. Como comparto este artículo, me siento super identificada hay veces que parece que porque te guste y disfrutes pasando tu tiempo libre en los fogones, ya eres una especie de bicho raro. En fin!!
    Por cierto, me encanta el diseño del blog, es elegante, con estilo. A ver si me dices de donde has sacado esas imágenes tan ideales..
    Besos

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